Camiroaga: “La gente que olvida sus orígenes está perdida”

Camiroaga: “La gente que olvida sus orígenes está perdida”

Seguimos con «Hablaron con El Guachaca un día». Esta vez con la última entrevista que le hicimos al  primer Gran Compipa de la historia chilena, en el año 2007. Ahí nos contó que no olvidaba sus comienzos como asistente de cámara y dictó cátedra sobre qué es ser guachaca.

Una mayoría abrumadora lo eligió en 2006 como el primer Gran Compipa de la historia. Al momento de traspasar el cetro, El Guachaca analizó con él su reinado. “No lo he vivido tan intensamente como me hubiera gustado, porque ha sido un año de demasiado trabajo —resume la autoridad—. Pero ya la votación del año pasado fue un súper honor. Es un premio que valoro mucho porque es de votación espontánea del público más cariñoso, que es el guachaca”.

Con lo de “no vivirlo tan intensamente” se refiere a que no asistió a su investidura en la Cumbre 2006 porque se encontraba grabando para Animal Nocturno en Chillán. En todo caso, Felipe I estuvo sobre el escenario guachaca en 2005, cuando la gente exigió a grito pelado que subiera a saludar. Andaba acompañando a Tonka Tomicic en su coronación como Reina. “Lo que se produce allí es súper mágico, es como esas fondas antiguas, con sus comidas y tragos, la música —describe—. El concepto guachaca me encanta y no lo digo en forma populista. Además, cualquiera puede ser guachaca, el gallo más pituco puede sentarse a tomar un terremoto con el más humilde porque no tiene que ver con donde naciste ni con lo que tienes, sino que es una postura ante la vida. Y eso se siente mucho en la Cumbre”.

—Gran Compipa, nos dijo en su momento que la virtud guachaca que más lo identificaba era ser cariñoso.

—Sí, siempre he sentido que más que una relación laboral, tengo una relación afectiva con TVN, una relación de cariño con el equipo, con los técnicos. Me gusta abrazar, dar besos.

—Su Excelencia es muy picarón. Pero nosotros, sus súbditos, consideramos que la humildad también podría ser su atributo distintivo. Cuando Sergio Lagos dijo en el Festival de Viña que Usted era el “ídolo de todos los asistentes de cámara”, Su Majestad fue el único que no armó trifulca, no se sintió ofendido ni nada.

—Cuando Sergio me presentó así en una noche de Festival, lo que estaba diciendo era correcto (Compipe empezó como asistente), y me llena de orgullo. Lo sentí como que era bueno para los asistentes de cámara porque ellos podían hacer una carrera como la mía. Pero como hay gente y medios que les gusta estar viendo conflictos donde no hay…

—Pero, en Chile, en general hay amnesia respecto de donde viene cada uno, y más aún en la tele. Usted es una criatura singular, Su Excelencia.

—Yo creo que eso el público lo siente y por eso votó tan mayoritariamente por mí. No sé si soy muy inteligente, pero sí creo que tengo una inteligencia emocional y por eso nunca voy a negar de dónde vengo. Tal vez el público no valoraría tanto a Zamorano si no supiera de dónde viene, y él siempre lo dice. La gente que olvida sus orígenes está perdida.

—Toda la razón, Serenísimo. Uno lo ve buscando, probando roles, pero algunos critican que actúe, anime, cante, zapatee, haga nado sincronizado… ¿Siente que esa versatilidad se valora o que todavía la cuestionan?

—La verdad es que yo di exámenes muchos años. Siempre se hablaba de cheque a fecha, de la joven promesa. Y, de tanto insistir, de tanto hacer televisión, hoy siento que mi trabajo se respeta. Pero eso no garantiza que al primer tropiezo, algún sector de la prensa me lo va a cobrar. Pero, bueno, en este medio hay que ser valiente y sensible.

 

Hoy siento que mi trabajo se respeta.

—¿Sigue sin molestarle, como nos dijo también antes, que lo farandulicen?

—Hoy día prácticamente todo pasa por la farándula. El mundo político se relaciona con ella porque sabe que a través suyo va a tener más presencia en los medios y, para mí, no puede ser más que eso. Llegó hace cinco o seis años, pero ahora hay un fenómeno nuevo, que ya pasaba en Argentina y en España, que es una farándula cruel y una prensa que la busca, y hoy los protagonistas de las noticias se están prestando para sacarse los ojos en las pantallas. Eso lo encuentro complicado y triste; el público puede empezar a no creernos. Y cuando no nos crea, no vamos a poder hacer campañas solidarias porque nos estamos desprestigiando.

—¿Cómo maneja el límite de la farándula? Hemos visto, no sin un poco de preocupación, que en el Buenos días a todos cada vez habla más de sí mismo. Incluso hay críticos malaleche que socarronamente hablan de Buenos días, Felipe.

—Es que de repente soy medio kamikaze porque tampoco tengo mucho que ocultar. Lo de la mañana es más bien un personaje, me gusta reírme de mí mismo. Claro, tendrá sus riesgos porque más de alguna persona pensará que estamos hablando en serio, pero yo zafo de la farándula a través de la ironía y el humor. Prácticamente todos los días están afuera los periodistas de farándula para preguntarte cualquier cosa porque tienen que llenar sus programas. Y no siempre los temas son cómodos para opinar; entonces, yo trato de sacármelos a través de la ironía y el humor.

—Apostaríamos nuestras cabezas plebeyas a que le preguntan ene por su estado sentimental. ¿No ha pensado pololear mejor con una súbdita ajena al espectáculo? ¿Podría mantenerla en el anonimato?

—Hoy eso es prácticamente imposible. Sé que ante cualquier persona pública que diga sí, estoy con alguien, la prensa de farándula no se va a conformar con eso, van a querer saber quién es y después tratarán de sacar una foto, y después la foto juntos… Es muy incómodo.

—¿Qué siente cuando lo califican como “el soltero más codiciado de Chile”?

—Pudor… y vergüenza. ¿Codiciado por qué? ¿Porque salgo en la tele? No, poh. Son estereotipos que te van poniendo. De repente les dio con que yo era el ermitaño; en otra época, que soy el que duerme con animales; después, soy el soltero codiciado, ya habrá otra cosa. Hay cierto tipo de prensa a la que le gusta estereotipar a la gente. La Cuarta me puso El Halcón de Chicureo y me encanta.

“Al halcón hay que entrenarlo”

La naturaleza criolla le gusta al Monarca. Prefiere veranear en Chiloé antes que en el Caribe, y eso desde potrillo. “Cuando era cabro, a los quince, partíamos unos cinco amigos con una chuica en bus a Talca, para pasar tres días en Vilches”, rememora. Hoy, su carrete ideal es juntarse en su casa, “una cabaña de madera, bonita, acogedora, no ostentosa”, y compartir un mosto con algunos amigos. “Tengo una rica cava de vinos —agrega—, tengo la música guachaca que siempre me ha gustado escuchar, Lucho Barrios, Palmenia, mexicano lo tengo prácticamente todo, Agustín Lara, Aceves Mejías, Antonio Aguilar, y espacios para hacer asaditos”.

—¿Es verdad que posee un zoológico?

—Tengo varios halcones, ovejas, chanchos y caballos. Me gusta mucho vivir en ese entorno.

—¡Chuata! Y con tanto trabajo, ¿cómo cuida su pajarito, Maestro?

—Ja, ja. Te respondo en serio: cuando una persona quiere tener animales, tiene que ser súper responsable. Son seres vivos que tienen que ser alimentados y atendidos por veterinarios, tener su espacio limpio. Tengo muy buena gente que trabaja conmigo; sólo no podría hacerlo.

—Pero nos tinca que el halcón es particularmente delicado…

—Tener un halcón equivale a tener un tigre de bengala porque son animales en peligro de extinción. No es llegar, salir al campo y capturar uno; está absolutamente prohibido con pena de cárcel. Mis halcones son comprados fuera de Chile, en criaderos establecidos, con toda su documentación. No son baratos y son verdaderos atletas, no puedes tenerlos en una jaula de canario, hay que entrenarlos.

—¿Por qué le gustan los halcones? ¿Carácter compatible?

—De chiquitito, siempre salía a caminar al campo y me quedaba horas mirando un pájaro o un caballo, miraba los nidos y cómo nacían los pajaritos y, tal como muchos cetreros, viví una experiencia con un ave rapaz y quedé alucinado.

—Cuente, cuente…

—Estaba elevando un volantín, camino a Farellones, y de repente siento un zumbido, FFUUUH, una cosa así, y va un proyectil bajando, lo miro y era un águila que venía cazando un conejo. Después, por cosas familiares, siempre he estado viajando a España, y allá es más común el tema de la cetrería, así que llegué a Chile, abrí las páginas amarillas para comprarme un halcón y me di cuenta de que no, que es un proceso muy largo y que debes tener conocimiento.

“Quiero ser co-guionista de una comedia”

Debemos confesarle algo, Emperador: el Festival de Viña del Mar nos parece más fome que Néstor Isella relatando un partido de ajedrez. Más encima, se cacha que todos se mueren de frío. ¿Por qué para los animadores es el “gran desafío de sus carreras”?

—Viña es el festival más importante de Hispanoamérica y creo que cualquier artista y también el personal técnico, directores, escenógrafos, quisieran tenerlo en su currículum.

Felipe con su uniforme de Gran Compipa.

—La otra vez nos dijo que quería volver a hacer teatro (actuó en Venecia, dirigida por Boris Quercia). ¿Eso sigue en pie?

—En los próximos años va a ser imposible. El teatro demanda mucho tiempo y mucha energía. Estoy sonado. Pero sí tengo muchas ganas de incursionar en alguna miniserie, en alguna película, no sé bien todavía. Ése es mi próximo gran proyecto.

—¿Le gustaría haber encarnado a un héroe chileno, por ejemplo?

—Me parece muy atractivo el personaje de Manuel Rodríguez, romántico, interesante. Pero también me hubiera encantado Lautaro. Me lo imagino un hombre moreno, fuerte, con su cabellera larga, un tipo con mucha convicción y fuerza. Bueno, como eran nuestros antepasados en aquella época.

—Y este nuevo proyecto suyo, de una película o miniserie, ¿en qué fase está, Gran Cacique de Chicureo?

-Me encantaría coescribir una historia para cine, una comedia, en la que me gustaría actuar. No lo he hablado con nadie, pero lo veo posible. Tengo algunas ideas entretenidas.

No lo dudamos, Oh, Ercilla del siglo XXI. Y en la tele, ¿cómo sería su programa soñado?

—Soy absolutamente bendito. Animal Nocturno era el estelar que siempre quise hacer, un espacio donde se pueden mostrar cosas simpáticas, con una conversación profunda, donde se pueden conocer personas. Y el Buenos días a todos es un programa de tanta compañía, donde tocamos tantas teclas. No se me ocurriría en este minuto, estoy muy contento con lo que estoy haciendo.

 

“No haría publicidad para una empresa que daña el medioambiente”

Pongámonos graves, Su Majestad Guachaca Felipe El Hermoso. En la entrevista pasada nos decía que el tema más importante de la actualidad era el medioambiental…

—Con lo que está pasando con el mundo y los animales, cada vez estoy más convencido de eso. El problema es que cada vez siento más que son tan grandes las industrias que están detrás de la tala de bosques, de la matanza de ballenas, de la contaminación, del calentamiento global, que hay muy poco que hacer. Lo que pasó en Río Cruces en Valdivia o lo que está pasando en Pascua Lama. La autoridad hace oídos sordos porque son empresas que dan trabajo, pagan impuestos y que, por último, si no, se van y sacan sus capitales del país, y nadie quiere eso. Y que Estados Unidos no firme los tratados medioambientales, imagínate, estamos haciendo el loco nomás. O sea, de verdad el mundo va en ruta de colisión, y qué vamos a hacer, aunque te amarrís pilucho en no sé qué ministerio no vai a lograr nada. Entonces, uno tiene que irse acomodando en este mundo que le tocó vivir nomás, pensar que esto será un ciclo de millones de años y después volverá o no volverá.

—Pero algo se podrá hacer. Usted, por ejemplo, que es rostro de marcas, si una empresa que provoca daños ecológicos le ofreciera una campaña, ¿la rechazaría?

—Sí, absolutamente.

—¿Está seguro de que, si en diez años le pregunto si apoyó alguna vez una empresa que haya dejado alguna embarrada, me dirá que no?

—Absolutamente, cuando me han invitado a participar en campañas publicitarias, me he fijado en ese tipo de cosas. Ahora, también apoyaría a una empresa que haga algo medioambiental; por ejemplo, una minera que lleva años contaminando y ahora va a trabajar bien lo del subsuelo o con una nueva planta procesadora. Ahí voy de todas maneras. Pero yo no haría campaña de tabaco, no participaría en campañas que no tengan que ver con lo que pueda sentir o pensar. Para mí es importante ser consecuente. Si no, ¿para qué estai en esto, cachai?

—Uno tiene que seguir viviendo con uno mismo toda la vida.

—Claro y a mí me gusta poder mirar a la gente de frente, a los ojos.

—Pero no me mire tan de frente, que me pongo coloradita, Su Ilustrísima Señoría. A propósito de rubores, no puedo dejar de preguntarle: ¿qué es lo que más valora en la gente en general y en las féminas, en particular?

—En el ser humano, la lealtad, una persona leal será mi amiga toda la vida, y moriremos de viejos siendo amigos. Y en la mujer, me gusta el tema de la inteligencia emocional y la alegría.

Compipe, con mucho respeto, le trajimos de regalo esta fina garrafita, como guachacas que somos.

—¿En serio? ¿Para mí? Muchas gracias, es un gran regalo. Está buena para hacer un arreglado. Eso voy a hacer, un rico arreglado.

Romina de la Sotta

Fotos: Gloria Henríquez