Carta a quienes se quejan de que no les alcanza con tres palos

Carta a quienes se quejan de que no les alcanza con tres palos

Por Charlie

Básicamente, salgan del universo paralelo que habitan y asómense un rato al otro Chile, donde la mitad para la olla con menos de 350 lucas. ¡Y déjense de contar plata frente a los pobres! Es señal de mala educación.

 

Desde un tiempo a esta parte, tengo la impresión de estar volviéndome loco, de vivir simultáneamente en dos universos paralelos y contradictorios, sin saber cuál es el verdadero. En otras palabras, vivo en Chile.

Vivo en un país donde cierta gente se queja de que no le alcanza para vivir con tres, cuatro, cinco millones de pesos al mes. Esas personas habitan en uno de los mencionados universos, uno donde una quina de palos no es más que un “sueldo reguleque”, según dijo, cuando era subse, la hermana del huaso Ossandón, hoy diputada a cargo de decidir qué leyes nos rigen.

A propósito de diputados, meses atrás, cuando se estaba discutiendo la posibilidad de poner a dieta a los honorables del Congreso (o sea, bajarles la dieta), vi un debate televisivo entre una parlamentaria del Frente Amplio y un colega de derecha. No tengo idea cómo se llaman, pero los dos eran jóvenes y el tipo derechista se parecía al Torombolo de “Archie”. La cosa es que la frenteamplista proponía rebajarse el sueldo a la mitad, de nueve palos a 4,5 brutos. El Torombo alegaba que eso era “populismo”. Cuando la entrevistadora le preguntó si estaría dispuesto a ganar cuatro melones al mes, él le respondió (parafraseo): “Es que yo soy abogado. Todos mis compañeros de generación ganan muchísimo más que yo.  ¿Y más encima me quieren reducir la dieta a la mitad? Ningún profesional que valga la pena va a querer ser diputado por esa plata”. ¡Chucha!

Este fin de semana, por algún motivo la revista El Sábado consideró interesante entrevistar a un cocinero que se define como “presentador de comida”, de apellido Carpintero o algo así. Y las redes sociales ardieron porque el señor Carpintero espetó que un sueldo de tres millones no le alcanzaría ni para tallarines (sepa más de lo que dijo aquí).

Otro habitante del Chile donde los millones se escurren como agua entre los dedos, donde en puro pagar los colegios de la prole se te van dos palos, donde en el par de nanas filipinas te echaste un millón y medio. En ese universo, yo soy pobre, supongo. Y rodeados de tantos malls ofreciendo lujos en qué encalillarse, de tantas nuevas torres que piden un ojo de la cara por metro cuadrado, de tanto influencer agitando el bling bling en las redes sociales, es fácil creérselo. El Chile real es el país de la opulencia y los que no encajamos somos unos incompetentes que el darwinismo dejó atrás.

Pero entonces uno se acuerda del otro Chile paralelo, el de las estadísticas y cifras oficiales, el país donde el sueldo mínimo llega a los $ 301 mil, y dense con una piedra en el pecho porque una luca más y la inversión se paraliza. En esa realidad, la renta media imponible es de 853 mil piticlines, según la Super de Pensiones, pero la mitad de los chilenos percibe no más de 450 mil pesos líquidos al mes. Un análisis que hizo hace poco la Fundación Sol de la encuesta CASEN 2017 es más lapidario: el 54,3% de los trabajadores chilenos gana menos de $350 mil líquidos; el 74,3% gana menos de $500 mil líquidos, y solo el 16,1% gana más de $700 mil líquidos. El promedio es $516.892. En ese universo, yo soy un privilegiado.

¿Cuál es el verdadero Chile?

 

«No podís ser tan desubicado de decir que los profesionales que valen la pena no ganan menos de cinco palos, cuando los profes de los liceos y los doctores de los consultorios ganan un quinto de eso».

 

Para no volverme loco, llegué a la conclusión de que no hay dos países paralelos, obviamente (esto no es una película Marvel). Lo que hay es una creciente falta de tino y de educación de parte de algunos giles, un ensimismamiento rampante entre el pequeño porcentaje ubicado en la cúspide de la cadena alimenticia. No hay por qué enojarse con quienes tienen éxito económico, mientras ese éxito no sea a costa de otros. Si embargo, lo que da rabia es que, con toda la plata que tienen, no sean más educados. Solía ser señal de buena educación regirse por la máxima de que no hay que contar la plata frente a los pobres. Si uno comparte un país con familias que paran la olla con apenas 300 lucas mensuales, no podís andar alardeando que te gastai esa cantidad en comida para perros. Es feo, es vulgar y demuestra que perdiste toda capacidad de empatía. Tampoco podís decir que no es posible mantener un nivel de vida decente con tres palos.  Y no podís ser tan desubicado de decir que los profesionales que valen la pena no ganan menos de cinco palos, cuando los profes de los liceos y los doctores de los consultorios ganan un quinto de eso.

Recuerdo que, hace diez o quince años, andaba en una micro por la Kennedy y detrás mío iban tres alumnos de un colegio privado bien caro. De pronto, se subió un tipo a vender alguna novedad completamente innecesaria. Vestía un terno demasiado ancho y reluciente de lo gastado, creo que lucía lentes poto de botella y su voz era gangosa. Apenas se mantenía en pie con los corcoveos que daba la micro. Pronunció un largo y florido discurso acerca de las bondades de su oferta, pero nadie lo pescó. Yo pensé: “Estos pendejos de atrás lo van a agarrar para el hueveo, los muy maricones”. Pero se mantuvieron en silencio hasta que el vendedor se apeó, tan patético como había llegado. Entonces, uno de los cabros dijo: “Pobre caballero. Qué lata no haber tenido suficientes monedas pa’ comprarle su cuestión. Cualquiera de nosotros puede estar en su situación algún día”. El resto asintió.

La anécdota reflotó en mi memoria porque días atrás iba en otra micro, escuchando la conversación de otro grupo de pendejos de colegio privado. Planificaban un viaje a Centroamérica para las vacaciones de invierno. Uno de ellos dijo que no tenía plata. El otro le recomendó trabajar un par de fines de semana en la empresa de su viejo. Demás que reunía 800 lucas y eso, más la mesada, bastaba para carretear en Guatemala un par de semanas. Hablaban en voz bastante alta, como para que los escucharan todos los pasajeros, el 54% de los cuales probablemente gana menos de $350 mil líquidos al mes. Señal de los tiempos.  

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Este lunes parte la III Cumbre Guachaca de Punta Arenas

Este lunes parte la III Cumbre Guachaca de Punta Arenas

Cueca, boleros, chamamés, la primera elección de Reina de la Patagonia y el mismísimo Dióscoro desordenando el ambiente, así será el kilombo más austral del mundo, que esta vez se extenderá entre el 22 y el 27 de julio, en la Perla del Estrecho.

 

Los pingüinos están mordiéndose las gualetas de tanta ansiedad, porque resulta que el próximo lunes parte el brillo más lindo y austral del mundo: La Tercera Cumbre Guachaca de Punta Arenas, que promete derretir más glaciares que el calentamiento global. Seis días dura el mambo, del 22 al 27 de julio, casi una semana completa durante la cual se presentarán las cuecas de Fusión Latina, los boleros y valses peruanos del dúo Amores Perros y el ritmo chamámico de El Chilote y el Patagón, además de que tendrá lugar la primera elección de Reina Guachaca de la República Independiente de Magallanes, y el mismísimo Gran Guaripola, Dióscoro Rojas, estará avivando la cueca (vuela el domingo, se los dejamos encargados). Todo esto en La Perla del Estrecho: Pasaje Korner 1034, fono 61 2242311.

El cartel oficial.

Para cachar cómo se viene la manopla, conversamos con el cacique de la Botella Regional de la Patagonia y caporal del restaurante La Luna, Mariol Navarro.

—Don Mario, cuéntenos, ¿qué características definen a los guachacas patagones?

—Son aguerridos, de tiro largo. Jamás usan el clima como excusa para sacarle el quite a una junta.

¿Tienen algún remedio para la caña? Mire que la van a necesitar después de seis días de partusa.

—Presentarse ante la cónyuge, no falla.

En Santiago nos quejamos de las bajas temperaturas, pero allá en Punta Arenas el invierno sí que es más frío que abrazo de suegra. ¿Cómo diantres se mantienen calientes?

—Hacemos lo que no hacen en Santiago: prendemos la calefacción.

¿Y es cierto que se zampan un sánguche de longaniza y un vaso de leche con plátano juntos?

—Totalmente cierto.

Chuta, deben tener guatita de teflón. ¿Qué otras combinaciones raras comen y toman los guachacas magallánicos?

—Cándida (navegado) con milcaos.

—Supongo que eso van a servir en la fiestoca de la próxima semana. A propósito, ¿cómo se viene la Tercera Cumbre? ¿La tercera es la vencida?

—Todo pasando: las candidatas haciendo grandes campañas, los medios de comunicación puestos y esperando la llegada del Gran Guaripola.

—Siempre es un acontecimiento. ¿Y cómo va a ser el proceso electoral de las reinas?  

—Los parroquianos que asistan a la cumbre en La Perla del Estrecho tendrán derecho a voto y también podrán sufragar por la más popular a través de la página de Facebook de La Perla del Estrecho.

En resumen, ¿vamos ganando o perdiendo la batalla contra los cuicos allá?

—Acá, antes que nada, somos patagónicos. Nos conocemos y aceptamos. Lo cuico dura hasta el tercer guarisnaque.

 

CONOZCA A LAS CANDIDATAS DEL FIN DEL MUNDO

Las cuatro fueron propuestas por las fuerzas vivas de la ciudadanía y tienen atributos de sobra para reinar sobre los guachacas patagónicos.

 

-Bárbara Emilia Salgado Díaz (53 años): Madre de dos pequeñines (Andrés Eduardo, de 32 añitos, y Bárbara Javiera, de 31), es nacida y criada en Magallanes, aunque vivió más de un cuarto de siglo fuera de la región, lo que hoy la hace apreciar aún más las costumbres y tradiciones del extremo austral. La bandera de lucha de su campaña es la valoración de la tenencia responsable de mascotas.

 

-Mariema Lizbeth Ugalde Emilqueo (50 años): Su marido es temucano, pero los dos hijos le salieron magallánicos: Darcy (23) y Boris (16). Esta nutricionista del Hospital Clínico de Punta Arenas siente una inmensa pasión por la danza y el folklore, tanto así que obtuvo el primer lugar en una competencia de cuecas choras en 2014. Es brava la cabra.

 

-Claudia Lucero Morelo (38 años). Si bien “se creció” en Buenos Aires, más de 12 años en Magallanes la convierten ya en toda una puntarenense. Hace dos años que baila cueca y dice amarla. También es cantante por excelencia, sin discriminar estilos, y animadora todo terreno. Tiene dos querubines: Luciano (8 años) y Mayra (4). Y aprovecha de pasar el dato: está soltera y “sin apuros”.

 

-Katia Schultheiss Tobaoda (43 años): Comunicadora, truquera, animadora, soldadora al arco, humilde, cariñosa y republicana. Así se autodefine esta funcionaria pública, que también asegura estar casada con un bombón. Sus hijos son Lukas (21) y Adelaida (12). Coyhaiquina de nacimiento, lleva toda una vida radicada en Magallanes.

 

Katia, Bárbara, Claudia y Mariema.
Ministro Sichel: “En Chile a la gente le gusta sentirse exclusiva”

Ministro Sichel: “En Chile a la gente le gusta sentirse exclusiva”

Aunque no lo dijo con esas palabras exactas, nuestro socio en la campaña Un Calzoncillo Largo pa’ Chilito 2019 reconoce que el cuiquerío es el gran obstáculo para lograr la integración social. Y reveló que sabe hacer patas de chancho.   

 

El pasado martes 9 de julio ocurrió un milagro: Dióscoro Rojas figuraba a las 8 de la madrugada en La Vega Central, totalmente despierto, y no es que se nos quedara toda la noche afuera. ¡Se levantó a las 7 para llegar puntual! Lo que no habíamos logrado hacer en años lo consiguió el ministro de Desarrollo Social y Familia, Sebastián Sichel, que quiso llevar promover la campaña Un Calzoncillo Largo pa’ Chilito en la Meca de las verduras, aprovechando que Lucho Jarra y los cabros del Mega iban a estar por allá transmitiendo en vivo.

La verdad es que el ministro Sichel se ha tomado a pecho nuestra tradicional recolección de ropa interior abrigada para compipas sin casa. De hecho, ahora la campaña es nacional gracias a que el ministerio se puso con sus oficinas regionales como puntos de acopio (ver direcciones aquí). Aprovechamos de interrogarlo.

 

—Ministro, ¿qué vieron en Un Calzoncillo Largo pa’ Chilito, que le han puesto tanto color? ¿Algún fetiche con los churrines?

—Vimos algo que es básico: que las formas más efectivas de ayudar son las más simples. Además, aquí hay dos cosas conectadas: uno, la idea de que la solidaridad no es algo que se construye de la elite hacia abajo, sino que la construimos entre todos. Muchas veces la solidaridad parece que solo pueden ser solidarios los que están arriba y nos olvidamos de que nuestro gran atributo como chilenos es el compañerismo, la idea del compipa. La segunda cosa es que abrigar con algo tan básico como un calzoncillo largo es una manera de entregar cariño.

 

Un cafecito en La Vega.

 

—Mucha gente piensa que las personas viven por opción en la calle y, por lo tanto, que se las arreglen solitas. ¿Es un mito?

—Hay catorce mil personas viviendo en la calle en Chile y uno podría dividirlas en tres tercios: un tercio está en la calle porque perdió son vínculos con la familia, con los porque se mandaron alguna embarrada o algo les pasó en su vida y se fueron a la calle como una forma de desconectarse, pero si tú los revinculas, van a salir de la calle porque no quieren estar ahí. Hay otro tercio que está por pobreza, simplemente porque no tienen para pagar un arriendo, comida, y es más barato en la calle. Esa gente es súper recuperable. Y efectivamente hay un tercio que se llama “calle dura”, que vive ahí por una opción de libertad, pero muchas veces esa libertad tiene que ver con un déficit gigante que tenemos en Chile: la salud mental. Son personas con alguna patología mental no tratada (esquizofrenia, personalidad borderline, bipolaridad) o con adicciones a drogas o a alcohol y, por lo tanto, si bien no quieren volver a un lugar, es más bien porque algo los tiene atrapados en la calle y hay que tratarlos in situ para recuperarlos. O sea, en realidad nadie está en la calle porque quiere. Piensa lo que es pasar una noche con dos grados bajo cero en la noche. A nadie le gustaría. El punto es cómo lo rehabilitas y lo que ha probado ser más efectivo en el mundo son las casas compartidas, donde aún puedes conservar el grado de libertad que buscan algunos.

—¿Se refiere a eso que querían hacer de arrendarles casas a grupos de personas que están viviendo en la calle? ¿Cómo les ha ido?

—La campaña se llama “Un techo primero” y ya la empezamos. Para que veas lo loco que es Chile: tenemos la plata, hemos hecho el trabajo, pero lo que más nos ha costado es encontrar propiedades para arrendar. Está bien estudiado que la mejor forma de sacar a una persona de la calle es dándole un techo primero. Antiguamente se creía que había que empezar por rehabilitarla o darle pega, pero lo más importante es tener dónde alojarlos porque eso les da un sentido de pertenencia que los hace mejorar su vida. Pero nos ha costado mucho que gente quiera arrendar su departamento con este fin.

¿Piensan que no van a pagar?

—No, porque el Estado paga. Piensan que van a ensuciar, que tienen malos hábitos. No se dan cuenta de que estos modelos de integración social son los que mejor les hacen a las personas en situación de calle y que es mucho mejor para el entorno donde viven que todos tengamos buenas condiciones de vida.

—Como las torres sociales en Las Condes…

—Lo mismo. Yo creo que ahí hay una cosa, que también tiene que ver con la campaña guachaca, y que es la máxima de este ministerio: la integración social. Somos un país con un problema de cohesión social, donde a la gente le gusta sentirse diferente, exclusiva, que no somos todos iguales… Uno de los grandes dramas de Chile es que nunca tuvo nobleza, entonces la gente se inventa formas para distinguirse, títulos nobiliarios propios, cuando en realidad somos todos iguales. Tenemos una discusión que pendiente sobre cómo integrarnos de mejor manera. Y yo creo que la respuesta pasa por lo que hacen los guachacas: revalidar la cultura popular, esa forma de conectarnos donde todos somos iguales. La dignidad es una de las pocas cosas que se reparten justamente entre todos los ciudadanos, pero hay gente que prefiere hacerse la lesa.

—¿La convivencia funciona cuando comparten una misma casa?

—Tiende a funcionar. Yo he trabajado muchos años con gente en situación de calle, como voluntario. Tuve un ahijado mucho tiempo, Lucho Reyes, que cantó hasta en mi matrimonio y que vivió en la calle mucho tiempo. Y él volvía a la calle muchas veces porque ahí tenía a sus amigos. Al final, como esto es acerca de la sobrevivencia, más que peleas, lo que se genera en la calle es un sentido de comunidad y ayuda mutua gigantes. Ayer estuve con don Jaime, que vive en la calle con un amigo peruano, y ellos dos me decían lo mismo: “No puedo vivir sin él. Si se pierde, no estoy”. Porque la simbiosis de la sobrevivencia es muy importante: se acompañan, conversan, uno busca alimento mientras el otro busca abrigo…

 

Despacho en vivo para el matinal de Mega, el pasado 9 de julio.

 

“LO MÁS COMPLEJO DE SER MINISTRO ES QUE TE TRATEN COMO MINISTRO”

—Ministro, la durazno, ¿usted tiene antecedentes guachacas?

—Todos los sábados de mi vida me abastezco en el Matadero. Con mi hijo voy a comprar carne, verduras y me doy una vuelta. Soy de la chicha, el chancho y el chaleco, esa es mi forma de vida. Me gusta harto la cultura popular en general. Soy más del volumen que de la cosa siútica. Soy muy patachero y me encanta cocinar. En el Matadero compro una pata de chancho y la hago entera. Hasta hago conejo escabechado. Trabajo con guachi y los cocino yo. Me encanta la vida guachaca, disfrutar. Mis papás eran hippies. Me crie en una carpa en Horcón y después viví en una casa tomada en Concón hasta los once años. Me vine a Santiago cuando mis abuelos me rescataron de esa comunidad. Pero me pasa una cosa: siempre vuelvo a ser el mismo que era cuando cabro chico, un guachaca. Obviamente me ha ido bien en la vida, pero mi vida es exactamente igual que antes. Me hace feliz lo mismo que antes.

—¿Cambia mucho la vida como ministro?

—Cambia la agenda, pero no mi vida cotidiana. Lo más complejo de ser ministro es cuando la gente te empieza a tratar como ministro. Como que te tratan de manera distinta y uno está acostumbrado a ser el mismo de siempre. Yo sigo haciendo las mismas cosas, sigo yendo a la Batuta las veces que puedo, me arranco a carretear, o sea, hago la vida que puedo hacer.

—¿No hay que seguir ciertos protocolos para mantener la dignidad del cargo, Seba?

—Trato de no hacerlo. Este invento de que las autoridades merecen un trato distinto es una cosa como de la siutiquería ABC 1. Entrai a la Moneda como Sebastián y te vai como Sebastián. Uno es una sola persona. Mi vida es así y va a seguir así hasta que muera.

—Pero, en cuanto a responsabilidades, debe ser un cambio sideral, ¿o no?

Obvio, uno está en una pega súper importante, pero prefiero que a uno valoren por lo que hace y no por el cargo que ejerce. Puede que sea una cosa generacional, pero, más que “ministro”, quiero que me digan: “qué bueno lo que hizo por mí”.

—¿Y ya tiene cachado cuál es la clave para hacer bien las cosas en el Ministerio?

—La única forma de aprender a hacer bien la pega es recopilando evidencia real, lo que no se hace de un escritorio. Hay que estar en la calle para hablar con gente de la calle. He salido tres veces a hablar con gente de la calle, a algunas con medios y otras solo. La otra vez me decían: “oye, tienes que hacer cosas con la clase media, ver el partido con gente de la clase media”. Yo les respondí: “Voy a ir a ver el partido a la casa de mi mejor amigo. Vive en el 23 de la Florida, Villa El Alba. No necesito que me digan dónde verlo”. Me gusta mucho seguir haciendo esas cosas porque te conectan con la pega que haces. Para lograr la integración social, uno de los grandes desafíos es permear a la elite, de izquierda y derecha, en todos los lugares, porque es la forma de darle diversidad a la cultura política. Por eso quiero seguir siendo el mismo. Si pierdes esa autenticidad, te transformas en alguien que se aleja de la vida real y ¡fregaste! porque no puedes hacer bien la pega. Te transformas en alguien que vive en una burbuja.

—Aparte del pasado hippie, ¿eso viene de alguna cosa religiosa? Usted es un ex demócrata cristiano…

—No, viene de una vida muy libre. Yo he estado alimentándome de choritos que sacaba de Horcón y comiendo en los mejores restoranes de Santiago. Esa experiencia es la que le da valor a mi vida profesional, no los títulos. Insisto, estoy un día en la Moneda, en una reunión bilateral con el presidente, y a los dos minutos terminé y me fui al paseo Bulnes a tomar un shop con unos amigos del colegio, que uno se había quedado sin pega. Las dos cosas son igual de importantes para mi trabajo.

¡Esta píldora milagrosa hace que tus peos huelan a rosas!

¡Esta píldora milagrosa hace que tus peos huelan a rosas!

 

¿Se imagina desayunar porotos con rienda, almorzar porotos granados y terminar el día zampándose una ensalada de porotos con encebollado sin temor a convertir su nido de amor en una cámara de gases letales? Un francés jura haber inventado la panacea para los amantes de las legumbres y la coliflor.

 

Si a una persona la aprietan lo suficiente, confesará que mintió, que robó e incluso que mató, pero jamás va a reconocer que se tiró un peo. Que te atribuyan la autoría de un gas tóxico expelido a través del ano es la máxima vergüenza que alguien puede padecer en la Cultura Occidental. Pero esto quizá esté por cambiar. Tal vez estemos ante la mayor transformación que ha experimentado la Humanidad desde la rueda.

En Francia, cuna de la democracia moderna, un compipa llamado Christian Poincheval asegura haber creado una píldora mágica que transmuta el hedor de los punes en agradables aromas: chocolate navideño, lirio del Primero de Mayo, jengibre de San Valentín, violetas y rosas. El producto se llama PilulePet y cuesta como 20 euros el frasco de 60 cápsulas, que se venden en el sitio pilulepet.com. También funcionan para los flatos.

Así luce un frasco de las píldoras milagrosas.

 

EL PEO QUE LO INSPIRÓ

El inventor de 65 años ya había aportado otra gran creación en los 90: el papel confort con noticias impresas. Así uno se puede pasar por la raja las alzas de la bencina y la corruptela de las instituciones. Pero con estas grageas para pedorros la cagó.

En un medio científico especializado (probablemente New Chanteist), don Christian contó cómo surgió su aporte a la especie humana:

–En un viaje de negocios a Suiza, mi colega y yo tuvimos una comida particularmente pesada. En el restaurante y en el auto en el camino de regreso, el hedor a gases se estaba poniendo realmente abrumador. Era tan insoportable que yo pensaba que esto tenía que parar. Luego hice algunas investigaciones sobre la flatulencia y fui a conocer a un técnico de laboratorio; a varios, de hecho, debido a que los primeros solo se rieron de mí. A uno en particular le encantó la idea y trabajamos juntos para crear un producto. Primero se nos ocurrió un aceite, pero no fue satisfactorio. Finalmente, hicimos el remedio en un polvo que podía caber en una píldora.

Este es monsieur Poincheval, una versión ¿hippie? del Viejo Pascuero.

 

RECETA COMPROBADA

La fórmula contiene cacao en polvo, carbón vegetal, gelatina, propóleos, arándanos e hinojo, puros ingredientes naturales con propiedades estimulantes del proceso digestivo, dice el creador. No es un medicamento, sino un complemento alimenticio. Se toman dos pastillas dos veces al día durante dos semanas y tus pedos comienzan a salir con aroma a chocolate.

Tú puedes elegir el aroma de tus peos según la ocasión.

 

La cuestión tampoco es tan nueva. Comenzó a desarrollarlas en 2007 con su compañía Lutin Malin y, contra todo pronóstico, se ha ido expandiendo. Además que, por cada peo que te tires, estarás ayudando a un perrito. Parte de las ganancias de Lutin Malin van en ayuda de la caridad Handi’chiens (handichiens.org), que educa perros para acompañar a personas en sillas de ruedas.

 

Columna: Lo peor de la Copa América

Columna: Lo peor de la Copa América

Por Charlie

No es que la Roja haya perdido contra Perú, tampoco constatar que a la generación dorada no se le puede devolver el brillo ni con un galón de Brasso. Ni siquiera es la canción oficial del certamen. Lo peor fue el chovinismo racista que una vez más afloró y una vez más nos pegó en la cara.

 

Fomeque fue la Copa América 2019. Brasil ganó por novena vez, sin Neymar y sin entusiasmar a nadie. Messi jugó, pero se le vio más ante los micrófonos que sobre el césped, y para más remate quedó picado. La gestión del VAR convenció menos que curao jurándole a la señora que viene de un seminario para altos ejecutivos. Y no fuimos los tricampeones.

Pero todas esas son cosas del fútbol. ¡Filo! Salimos cuartos, tampoco es pa’ tanto. De haber ganado, no nos hubiéramos hecho más ricos, salvo el profe Rueda y sus pupilos, que ya están suficientemente forrados (y quizás los fabricantes de paraderos).

No vale la pena cortarse las venas por una copa más, una copa menos; teniendo una copa de tinto que empinar, basta. Lo que sí nos debe preocupar es ese patrioterismo histérico y medio racista que una vez más afloró y fue creciendo a medida que la Roja iba superando obstáculos y que el martes 2 de julio, a horas de que Vidal y sus caballeros de la mesa coja fueran humillados, ya había tocado techo.

Hay que reconocerlo, todos (o la inmensa mayoría) pensábamos que el partido contra los del Rímac era un trámite facilito, como sacar tarjeta de La Polar. En parte, ese convencimiento se basaba en el juego que nuestra selección lució contra Colombia. Pero también hay un componente extra-futbolístico en esta fe quebrantada por la realidad. Prueba de ello es este horrible meme que circuló profusamente en los guasaps de los chilenos en los instantes previos al duelo Chile-Perú.

Muchos se preguntarán por qué ponerle tanto color a un simple meme. Pues porque resume un sentir generalizado o, de al menos, una porción relevante de la gallada. ¿Y qué vemos en el famoso meme? Chile, un ave poderosa, majestuosa, contra una débil paloma que, por lo demás, también alude al estúpido mito de que los migrantes peruanos se zampan a estos pájaros cochinos. Pero, además, el cóndor es una especie endémica, mientras que las palomas son una plaga llegada a nuestro continente desde el Viejo Mundo, como las ratas. Es decir, son elementos exógenos que vinieron a desplazar a los pajaritos nativos, que propagan enfermedades a diestra y siniestra, que usan las estatuas de nuestros próceres como wáter y más valdría echarlos del país. ¿Alguna similitud con lo que, lamentablemente, andan diciendo varios compatriotas sobre los inmigrantes?

No nos hagamos los lesos. Hay un sector de la sociedad chilena que se jura superior a la población del resto de los países latinoamericanos y que considera que la migración viene a “ensuciar” una “raza” que no sé de dónde sacan que es pura y digna de preservar. No importa que las estadísticas muestren que los migrantes que llegan a Chile tienen, en promedio, más años de estudio que los propios chilenos. No importa que el Banco Central pronostique que la economía del país va a crecer en el largo plazo más gracias a los migrantes (y el Banco Central no es precisamente la Compañía de Jesús). Les da lo mismo que los migrantes sean reparecidos a nosotros, en cuanto a historia y cultura. Al racista no le entran razones. No vale la pena discutir con ellos.

Queremos creer que son una minoría. Pero, al fragor del fanatismo deportivo, del chovinismo que exacerban los medios y la publicidad mundialera y copera, es fácil subirse al carro del racismo. ¡Cortemos la huevada! Memes como los de la paloma y el cóndor son ofensivos, pero ofenden más al que los propaga, por tonto y porque olvida que el cóndor es, finalmente, un ave carroñera.

En ese sentido, si lo peor de la Copa América 2019 fue el sentimiento de superioridad fascistoide que campeó durante un rato, lo mejor fue el tapabocas que nos dio Perú.

En cuanto a lo futbolístico, ya el próximo año tendremos otra oportunidad de revancha porque, al parecer, la Confederación de Mercenarios Boludos (Conmebol) decidió hacer una Copa América anual, o incluso semestral, hasta que Messi gane algo.

Ahora todo Chile se puede poner #UnCalzoncilloLargo

Ahora todo Chile se puede poner #UnCalzoncilloLargo

El ministro Sichel trató de ponerse los emblemáticos churrines tricolores, pero son demasiado estresh.

 

El Ministerio de Desarrollo Social y Familia se puso con sus seremias a lo largo y ancho del país para que el pueblo guachaca pueda donar ropa interior invernal también desde regiones.

 

En las últimas semanas, la Plaza de la Constitución se ha mantenido clausurada para los transeúntes, pero el pasado viernes 5, comandados por Dióscoro Rojas y su compebre Benito Baranda, los guachacas traspasamos las rejas y plantamos nuestro estandarte invernal en medio de la explanada republicana: un tendido de flamantes y coloridos calzoncillos largos. Tranquilos, que no llegaron los guanacos, sino los cabros del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, que este año apañarán nuestra tradicional campaña sed-lidaria “Un Calzoncillo Largo pa’ Chilito”.

De hecho, gracias a este contubernio, ahora tendrá un alcance nacional esta cruzada que busca juntar donaciones de ropa interior abrigada para los doce mil compatriotas que duermen a la intemperie. El Ministerio se puso con las oficinas de sus secretarías regionales como puntos de acopio, para que el pueblo guachaca de regiones también pueda donar churrines extensos, camisetas de manga larga, calcetines sin papa y pantys de lana, para damas y varones, todo nuevo, obviamente.

El ministro Sebastián Sichel, caporal de la cartera, oficializó la alianza con una arenga: “Queremos que todos los chilenos se pongan la mano en el corazón, compren calzoncillos largos y los donen, porque lo que buscamos es abrigar a la gente. Estos son los días en que la solidaridad se tiene que hacer de manifiesto, cuando tenemos que pensar que hay alguien sufriendo. Como dicen los guachacas, somos todos una gran patria y la mejor forma de acompañarnos es siendo solidarios”.

Aparte, se mantiene el clásico centro de achurrinamiento en el Matadero Franklin, que nos ha apoyado desde el comienzo con esto de los calzoncillos LP, juntando más de tres mil chitecos ellos solitos en algunos años. Por eso, no podía estar ausente del acto su embajador, Luis Tobar. “La próxima reunión hagámosla allá”, invitó don Lucho.

 

A todo ministros fue el lanzamiento. Don Lucho, del Matadero, confundió a la ministra Plá con la exministra de Cultura y la ministra Plá confundió a Dióscoro con el hermano menor de Nicanor Parra y con el dueño de la Piojera.

 

LA PRIMERA DONACIÓN

Así que ya es oficial: comenzó la recolección de calzoncillos en todo el país y ya tenemos la primera donación: el alcalde de San Miguel, Luis Sanhueza, llegó con un buen turro de calchunchos. A medida que se vayan acumulando, el voluntariado guachaca y ministerial los irá repartiendo en albergues o directamente en la calle. Y así estaremos hasta que termine el invierno.

“¿Habrá alguna medida especial para los lugares donde haga más frío?”, preguntó un inquisitivo repórter. Benito Baranda le respondió: “En el pasado, cuando se han juntado muchos calzoncillos en Santiago, se han distribuido en otras regiones. Entonces, si hace más frío en el sur, se mandarán desde otras ciudades donde haya mayor cantidad”.

Otro periodista quiso saber cuántos chitectos pensamos reunir. Le contestó el ministro Gonzalo Blumel, titular de la Segpres, que salió de la Moneda a apoyar nuestra pomada. “Más que una cifra específica, buscamos una actitud, hacer un llamado a la gente a entender que el invierno lo pasamos mejor con solidaridad y todos juntos. La patria es guachaca y la patria es de todos”, dijo con toda razón.

El Ministerio de la Mujer y Equidad de Género también se hizo presente, nada menos que a través de su jefaza, la ministra Isabel Plá. “¿Por qué?”, le preguntaron. “Porque hay tres mil mujeres que pasan cada noche en la calle con frío”, respondió ella. “Por eso quiero invitar especialmente a las chilenas a ponerse en los zapatos de aquellas mujeres que no tienen la posibilidad de pasar la noche bajo un techo, acompañadas, calentitas, luego de haberse tomado una sopita o un té, y cuya parte más íntima muchas veces tampoco está protegida. Las llamo a que vayan a comprar ahora mismo calzoncillos largos, como voy a ir yo”, añadió.

 

No hubo caso con los calzoncillos. El ministro es muy grandote.

 

RESUMIENDO

Adquiera un calzoncillo, una camisetita, un calcetincito o pantys de lana (no le va a salir más de tres lucas) y déjelo en la administración del Matadero Franklin (Arturo Prat 2124 interior), en las oficinas del MDSF (Catedral 1575) o en esta tracalada de seremias (ver lista). Y mantenga las antenas paradas durante todo el invierno, que poco a poco iremos informando aquí mismo sobre nuevos puntos de acopio.