¡Feliz día, completo!

¡Feliz día, completo!

Hoy es un día para reflexionar y tomar conciencia: de todas esas veces en que nuestras tripas han estado aullando de hambre y nos hemos salvado de la inanición gracias al viejo y siempre bien ponderado completo.

Ya sea acompañado de una cervecita (el “shoppleto”) o de un tecito (el “templeto”), el clásico pan con salchicha, tomate, chucrut, mayonesa y salsa americana es parte de nuestras vidas porque siempre está al alcance de la mano y de los bolsillos. Por eso, se merece una celebración. Hace 10 años, la cadena Dominó instauró el 23 de mayo como día de su especialidad, porque es la fecha en que abrieron el primer local. Luego se empezaron a sumar otros restoranes, al punto que ahora casi en todas partes donde se sirven completos festejan con algún tipo de promoción, hoy y mañana.

Pero ¿de dónde salió este sánguche tan ubicuo?

 

Los completos son capaces de satisfacer los paladares más exigentes y los estómagos más insaciables.

 

Como sabrá hasta el más despistado, el completo chileno es una adaptación mejorada del insípido “hot dog” que comen los gringos en Trumplandia. Pero no fue un gringo quien inventó el perro caliente, sino un comerciante alemán que tenía un boliche en Saint Louis, Missouri. Se llamaba Anton Ludwig Feuchtwanger (trate de decirlo de corrido). En 1886, Anton incluyó en el menú un plato típico de su Baviera natal: salchichas de cerdo con mostaza, chucrut y salsas alemanas, sin tenedor ni cuchillo. Como a los comensales estadounidenses, más finolis que los bávaros, no les gustaba mancharse las manoplas con el mejunje, Antonio decidió meter la salchicha en un pan. El invento comenzó a expandirse por la tierra de las oportunidades.

La versión gringa, más fome que bailar con la hermana.

 

Sin embargo, no se llamó “hot dog” sino hasta 1900. Ese año, un compipa que vendía sánguches en un estadio de béisbol de Nueva York trajo como gran novedad una salchicha alemana flaca y larga conocida como “Dachshund”, por su parecido con el perro homónimo de extenso torso y patas cortas. Comenzó a ofrecerlas con pan y mostaza, con el nombre de “red hot dachshund”. El producto la rompió. Fue trending topic en todos diarios de la época. Un dibujante del New York Journal pensó que, como el dachshund es un perro, el nuevo manjar debía llamarse “perro caliente”, y el nombre pegó.

 

El animalito del que están hechas las vienesas del completo. ¡No, es mentira!

 

Casi todo lo que hacen los gringos termina copiándolo el resto del mundo y esta no fue la excepción. El jondoc llegó a Chile en los locos años 20, traído por el comerciante Eduardo Bahamondes, que conoció el pan con salchicha en Estados Unidos y quiso replicarlo en su boliche del Portal Fernández Concha. Claro que, como buen chileno, le puso más color a la receta original: le añadió una crema de papas y huevos, chucrut, tomate, palta, perejil y cebolla, o sea, todo lo que encontró. Y como tenía tanta cuestión, lo bautizó “completo”.

Hoy, con un par de ingredientes menos, sigue siendo el bocadillo más Salvatore y costo-efectivo que podamos encontrar. ¡Feliz día, completo!

 

Con información de Publimetro