Las Demandas Guachacas Históricas Revisitadas

El Gran Guaripola en una de las múltiples ocasiones en que acudió a la Moneda
con la intención de hacer llegar nuestro pliego de peticiones a la máxima autoridad.

 

Cuando nació este seudo movimiento en 1998, elevamos 10 demandas inclaudicables y hemos renovado nuestro compromiso con ellas desde entonces.

Sin embargo, quizá ya sea hora de replanteárnoslas. El mundo y Chilito han cambiado. Puede que haya algunas demandas medio añejas (como la 1), otras que deban ser reforzadas o nuevas necesidades que requieran su incorporación al pliego de peticiones.
Compipa, lo instamos a que vuelva a leer nuestras Demandas Históricas con ojo crítico y vierta aquí su sapiencia. ¿Qué debemos cambiar? ¿Qué debemos mantener? ¿Qué debemos añadir?

Eso sí, algo tenemos claro: la lucha contra el cuiquerío continúa y se redobla.

1. A la Iglesia Católica

Con el debido respeto, queremos decirle a la jerarquía oficial del Vaticano y de la iglesia local que vuelvan a repartir santitos y medallitas. No es posible que, para tener una imagen de Cristo, haya que hacerse un tatuaje. Estamos en conversaciones con SALO Ediciones para sacar el álbum de los santitos porque cada vez es más difícil tomar una micro o atravesar Alameda sin uno en los bolsillos, porque si bien no son garantía de nada, al menos dan un cierto respaldo teórico.

2. Prohíban las vías reversibles

Quisiéramos saber quién fue el agudito que inventó estas leseras. Vías reversibles, vías exclusivas, vías pa’ allá y vías pa’ aca, puta la hueá. Y quién paga el pato: los guachacas. Uno entra a una cantina con el tráfico para un lado y, cuando sale al día siguiente, el tránsito va para el otro lado. En la última asamblea guachaca quedamos de juntarnos en el bar restaurant El Hoyo y terminamos en Casa Piedra. Queremos calles a la antigua, nada de andar creándole problemas de identidad a las calles.

3. Nuevos nombres para el Metro

¿Cómo es posible que, en nombre de una falsa modernidad, cada vez que se amplía el Metro, las estaciones llegan a un mall? ¿Quién decide eso? ¿Qué cosa tan importante hay que ir a hacer para esos lados? Solo la gloriosa estación Cal y Canto escapa a esta epidemia y queda a escasos metros de La Piojera. Entraremos en un diálogo permanente con el Ministerio de Obras Públicas para llegar a un acuerdo protocolar, a ver si logramos irnos una y una, por lo menos. ¿Dónde está la estación el Hoyo? ¿La estación las Tejas? ¿La estación Higuera de Maipú?

4. En la Ruta del Tricentenario

Ésta es nuestra gran meta, donde debemos poner todo el copete y tirar todos los interiores a la cacerola. Si fuimos capaces de terminar con la fiebre aftosa el 69, si logramos expulsar del territorio nacional al cólera en el 89, nuestra meta, nuestra única meta es llegar al 2110 con Chile libre de Cuicos. No debemos descansar ni un solo día. Pronto comunicaremos la fecha exacta en que se levanta la veda del cuico.

5. A los señores políticos

Ahora se puso de moda estar contra la política, todo está mal, todos son corruptos, nadie se preocupa del país… ¡Por favor, háganse ver cabritos! ¿De cuál están tomando? ¿Cómo tan amargo todo? Cambien de viña o de suegra.
A los guachacas nos gustan los políticos porque hacen hartas promesas. ¿A quién le hace mal una promesa, si nuestra cultura es de puras promesas? “Sí, mijita, sí la quiero” o “te lo devuelvo con intereses”. Decimos esto para no recurrir a los ya conocidos “la puntita no más” o “sigue, sigue, yo te aviso”. ¿De qué nos admiramos cuando los políticos nos llenan de promesas? “Vamos a terminar con la cesantía”. ¡P’tas, qué bonito! “Vamos a arrasar con la pobreza”. ¡Maravilloso! “Vamos a subir los sueldos”. ¡Fantástico! ¿A quién le puede parecer mal? El problema parte cuando empiezan a hacer cosas. Ahí sí que se condorean con tutti. Por eso los guachacas decimos: Señores políticos, más promesas y menos hechos. Más promesas y menos realidades. ¡El pueblo se los pide!

6. Liberen a Lontué, Tierra Prometida

En nuestra última gira a Lontué, la Tierra Prometida, ya descrita en el Antiguo Testamento, nos encontramos con la media empanadita. Resulta que Lontué no es una comuna y depende administrativamente de Molina. No tenemos nada contra los molineros, pero ¿a quién le han ganado? Si la fiesta del vino es de Lontué y las mejores cepas también son de ahí. Exigimos que Lontué sea una comuna autónoma. El Paraíso no debe estar administrado por nadie más que por sus propios habitantes.

¡Viva Lontué libre!

¡Libertad a los guachacas secuestrados administrativamente en Lontué!

¡Beber hasta vencer o morir!

7. Amplíen del concepto de Patrimonio Nacional

Una gran acogida ha tenido la iniciativa del gobierno de abrir los monumentos y las colecciones nacionales a todos los habitantes de Chilito. Nosotros decimos: “¡Güena la idea, pero mal ejecutada!” ¿Cómo se les ocurrió dejar afuera lo más valioso que tenemos? Exigimos incluir a La Tía Carlina, La Piojera, Las Baldosas, El Hoyo, La Chica del Banjo y El Maricón Mario, debido al valor arquitectónico que representan, debido al valor cultural implícito que encierran y, por qué no decirlo, a su relevancia en la construcción del árbol genealógico de la nación. Estos templos de sabiduría y de autoestima deben ser incluidos en las visitas guiadas que se realizan para el Día del Patrimonio Nacional, o que al menos esto se haga efectivo para el Día de Padre.

8. Declaren de una vez por todas a los “Alcohólicos Anónimos” asociación ilícita

No podemos permitir la existencia de grupos ultra polarizados que, atrincherados en el anonimato, hacen las de Kiko y Caco a vista y paciencia de la sociedad toda. Los Alcohólicos Anónimos son una lacra social, son como la gordura del consomé, son como las mollejas con mermelada de natre, y aun así la legislación permite su existencia, los deja reunirse y, escudados en organismos fachadas, los financia y les permite secretas alianzas con el terrorismo nacional, a través de Esval y la Cachantún. Basta, señores, ya están descubiertos, sabemos que son el brazo armado de los cuicos y es por ello que exigimos a los tribunales:

A. Que se hagan públicas las actas de sus reuniones.

B. Que se entreguen los nombres de sus dirigentes.

C. Que expliquen sus alianzas con Esval y Cachantún.

9. Que nos devuelvan Cachagua

Corría el año 1974, eran tiempos duros, la caña de vino había subido en un 69%, no había chanchos que dieran manteca, menos alcanzaban para un pernil, nos escondieron el pipeño, no había ají para el pebre, ni siquiera ajos para espantar los vampiros. Estábamos obligados a bailar las cuecas de los Huasos Quincheros y nos enterábamos de las noticias por “el patito chiquito que no quería ir al mar”. En esos tiempos, duros tiempos, los guachacas invertimos todos los fondos en nuestro sueño: un lugar de veraneo para nuestros socios, que les permitiera recuperarse de la Rosita, de la achicá de la enzima, de las puntadas al hígado, de las arcadas secas, de la tos de perro y de los retorcijones de tripas. El sueño estaba cumplido. Lo llamamos “Villa Guachaca”. Posteriormente, y por hechos que no viene a menú recordar, tuvimos que pasar a la clandesta y ponerle chapa a nuestra villa. El socio encargado de limpiar el nombre se lo puso al revés, quedando como “Cachagua”. Hoy exigimos que se aplique la ley 01458 sobre devolución de bienes y nos regresen Villa Guachaca. Nuestra Villa Guachaca.

10. Enderecen todos los árboles

Porque no hay nada más triste que ver a un borracho tratando de afirmarse en un árbol chueco.