Se dice que en todos lados hay un chileno. A eso habría que agregarle, que en todos lados estamos los guachacas. Pese a todas las restricciones, recomendaciones de los caporales de salud, y a que todos los periodistas chilenos salieron "apletando" cachete de Japón por la emergencia radioactiva, un aventurero corresponsal guachaca se internó en entre los nipones y nos cuenta sus aventuras, y como se esta llevando allá la cosa.
Por Christian Stüdeman, periodista guachaca.
De un día para otro los cerezos florecieron en Tokio y los tokiotas están como locos sacándose fotos con los arbolitos rosados. En realidad, es re bonito, pero igual llama la atención que los japoneses se emocionen tanto con algo que pasa todos los años. Un gringo emparejado con japonesa que lleva ene viviendo aquí me explica que el peculiar fenómeno se debe al “aware”: la capacidad de emocionarse con la trascendencia presente en lo efímero de la belleza. O algo así, porque en realidad mi inglés no es tan bueno.
Como sea, los tokiotas están a full con el aware por estos días. Quién diría que viven con un segundo Chernobyl –según han bautizado algunos especialistas alaracos a la planta de energía nuclear Fukushima No. 1– a la vuelta de la esquina (250 km.). Desde que quedó la mansaca en el noroeste de Japón por culpa del terremoto/marepoto (parafraseando al presidente), las noticias no han sido para nada buenas: como ya medio mundo sabe, el olón inundó los generadores de la planta nuclear de Fukushima, los generadores se apagaron, dejaron de bombear agua para enfriar los reactores nucleares, la temperatura de los reactores se disparó. Por suerte, los trabajadores de Fukushima pudieron apagarlos y así evitar una reacción nuclear en cadena (como sucedió en Chernobyl), pero lo que no pudieron detener fue la reacción química que produce la temperatura desbocada en el vapor. Como resultado, explotaron tres reactores, se filtró radiación que ya contaminó el área circundante a la planta y que está llegando a Tokio (aunque en niveles que según el gobierno aún no son peligrosos).
El aware, la obseción de los japoneses por las flores
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