Por ahí por el 2007 la recordada revista "El Guachaca" entrevistó al hombre que descubrió aptitudes actorales en el Gran Guaripola, incluyéndolo en su serie "Litoral", que transmitó por esos años TVN. Nuestro brindis y homenaje para un gran compipa que nos dejó por estos días y ahora nos alumbra desde el firmamento.
Por Romina de la Sotta y Christian Stüdemann H.
El Guachaca Nº12, Septiembre de 2007.
Lo anuncian como “el cineasta más importante de Chile”, el “mejor”. Pero Raúl Ruiz no se inmuta: “Ser mejor no es un criterio fácil de establecer –opina–, en el fondo, es subjetivo”. Lo que es objetivo es la tracalada de premios y reconocimientos internacionales. Y todo eso se lo ha ganado en su ley, con más de 80 películas, (desde Tres tristes tigres hasta un “comprimido” de su serie Recta Provincia, a punto de estrenarse en el festival de Roma) que no son tan fáciles de digerir, aunque él diga lo contrario.
Quizás lo de la “lenta digestión” se deba a que este cineasta chilote mete en cada películas múltiples referencias y una larga bibliografía. ¡Por Dios que es culto el caballero! Si cada respuesta que da viene con no sé cuántas citas al pie de página. No para de leer. Ahora andaba con una edición del siglo XVII de Pascal. Pero él advierte que aprende más de la gente que de los libros.
Don Raúl, ¿qué cree que hay que celebrar para este Bicentenario?
-Celebrar no es la palabra, porque cuando uno cumple 80 años no lo celebra. Es un hecho. Hay mucho que celebrar, mucho que lamentar, mucho de que sorprenderse...
¿Pero ve alguna razón para descorchar un vinito barato que sea?
-Bueno, seguir existiendo, yo no sé si es un mérito, pero eso ya es mucho.
¿Cómo país?
-Como identidad.
Usted, que tiene una patita en Chile y otra en La France, ¿qué cree que nos distingue como chilenos?
-Más que el hecho de existir, el hecho de insistir. Insistir es una manera particular de ser chilenos. Eso está ya en la copiosa crónica de Bibar y en las tantas historias de Chile que empiezan a escribirse antes de que Chile exista. En ellas, el país es inventado como una España de las Antípodas, de ultramar, que tal como España, insiste en insistir. Hay una metáfora de la España primordial: la España de Numancia, cuando los numantinos resisten hasta el final la invasión de los romanos, tal como aparece en la obra de teatro de Cervantes. Los españoles llegando acá se encontraron en la situación de los romanos frente a unos numantinos que eran los araucanos. Bueno, Chile es un poco eso. Un campamento de batalla a punto de caer.
¿Y esta voluntad de insistir la ve hoy en todas partes, en las personas comunes y corrientes?
-Yo lo siento así, en mí mismo también. He pasado el doble de mi vida activa en Europa y vuelvo a Chile para marcar un hito, decir que sigo siendo de por acá.
Uno se imaginaría que alguien que resiste tiene la media personalidad de guerrero, pero los chilenos somos...
-De perfil bajo, cortos de genio.
Claro, po. No calza mucho con esto resistir heroicamente.
-Es que no es heroicamente. Se resiste y punto.
Onda, ¿somos resilientes?
-Sí, podría ser usado para este país, que es un derrotado triunfador. La mayoría de nuestras derrotas son victorias, de alguna manera. En todo caso, la manía de triunfar es muy reciente, un invento de El Mercurio: “Chile salió primero, salió segundo”. Si yo no hubiera vivido tanto tiempo en Francia, creería que ése es un aspecto natural de Chile. Pero también Francia llega segundo a todas partes, o tercero y cuarto, y están felices. Tienen reacción de país chico.
¿No será que esto de querer estar en un ranking se debe a una cultura global?
-Yo negué eso mucho tiempo, hasta que releí Homo Ludens, de Johan Huizinga, que escribió en los años 40. Pone al juego al centro de las ciencias humanas. Dice que es anterior al hombre. Y siempre tiende a ser un torbellino de simulaciones, muchas de ellas cómicas, en el centro de lo cual está la competencia. A mí, siendo socialista de convicción y creyendo todavía que la solidaridad es lo que está en el centro de las actividades humanas, me duele, pero tiendo poco a poco a aceptarlo. Norbert Elias incluso añade que, sin el deporte, sobre todo sin el fútbol, tendríamos una guerra detrás de otra. Llega a decir que la única manera de salir adelante en la situación actual de extrema violencia son las competencias internacionales de alto nivel, y cita el cine como una manera de escapar. Ahora, en el cine es un hecho que los mejores no ganan.
SOCIALISMO BLANDENGUE
Cambiando radicalmente de tema, como dicen en las noticias, usted, que es socialista de cuore, ¿en los 70 se imaginó que un gobierno socialista podría ser como el que tenemos ahora?
-¿Tan blandengue? Ya lo había sido en el Frente Popular. El socialismo cumple la función de conciliador y de mediador, más que de otra cosa. Muchas veces se disfrazó de marxista leninista, pero en la base siguió siendo un movimiento mediador. El llamado socialismo renovado es un poco como el que conocí en los 50, una extensión del Partido Radical. Cuáles eran sus virtudes: ser laico, como reacción frente a los abusos esporádicos de la Iglesia Católica; ser republicano, creía en la democracia como un juego que pasa por sufragio universal, y ser burocrático, creía en el rol del Estado, en que educar es gobernar. Todos estos valores están reapareciendo de otra manera, pero siempre estuvieron en el fondo de la chilenidad no-católica. Eso no ha cambiado y ya es algo, mucho. Comparémonos con los movimientos populistas peruanos, argentinos, ecuatorianos... Hay que darse con una piedra en el pecho porque un movimiento tan razonable todavía exista. Yo no lo condenaría. Es fácil hacerlo. Se le puede llamar hasta traidor por los excesos oratorios de sus dirigentes. Pero yo no lo hago.
Uno tiene la sensación de que los discursos socialistas de antaño eran más alaracos.
-Mi generación fue así. Pero antes, no. Poco antes de que Allende tomara el poder, ganó la tendencia más radical del socialismo, guiado por la juventud socialista, por Carlos Altamirano, y hay todo un cambio interno. Y yo de repente me encuentro siendo responsable de cultura, de comunicaciones, cine, radio... un cargo que no rimaba con nada. Pero eso es simplemente un accidente, que produjo la imagen de que el socialismo era una actitud muy radical, más radical que los comunistas. Yo viví todo esto de una forma marginal, porque entraba y salía. Era muy caótico. Pero, accidentes aparte, el Partido Socialista siempre ha sido más o menos el mismo, un depósito adonde van a parar todos los que no encuentran su lugar en el Partido Radical, la Democracia Cristiana, el Partido Comunista...
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Cuando por estos días, el Parlamento Chilensis apaga 200 velitas, recordamos uno de los episodios más guachacas de nuestra historia republicana: la tremenda trifulca del 21 de mayo de 1938 cuando se agarraron a coscacho limpio radicales y nacistas durante una rendicón de cuentas del León de Tarapacá.
El día 21, como era costumbre, el Presi
debía rendir cuenta anual ante el país. Antes de comenzar la sesión, un
estruendo hace remecer el viejo edificio. Una bomba de ruido había
explotado en los jardines del Congreso. Esto no pasa de ser un mero
susto. Con los años se supo que el autor de esta gracia fue el joven
nacista conocido como Pitón 10, a quien tuve el gusto de conocer.






















