
Los guachacas somos hombres duros, y le ponemos el hombro en momentos difíciles con optimismo. A diferencia de los cuicos que se llenan de siutiquerías y abrazos fuleros. Estas líneas están dedicadas a nuestro PRIMER REY GUACHACA, Felipe Camiroaga y sus humildes, cariñosos y republicanos colegas del vuelo perdido hasta el momento.
Yo hablé con él bien pocas veces. Pero
siempre fue muy gentil. El más gentil y sencillo de todas las figuras
televisivas que he conocido.
Bueno para tirar tallas, chisposo,
sabía también ser abstracto. Reflexivo. Tenía cuidado de no caer en los lugares
comunes cuando hablaba con un periodista.
Lo entrevisté hace cinco años, cuando
inventamos el Gran Compipa, para que los Guachacas no fuera pura reina.
Hacíamos con el Studemann la Revista El
Guachaca, y Camiroaga fue candidato. Y el Gran Compipa 2006, el primero de la
historia, fue él. Con gran diferencia de votos; el que venía más cerca suyo no
tenía ni un quinto de sus votos.
Arrasó. Y sus colegas de la tele no se
lo tomaron muy bien. Hubo “figuras” que nos reclamaron porque no lo encontraban
guachaca. Y pasó lo mismo en medios que hacen su marketing autodenominándose
como “populares”. Los jefes de un diario nos dijeron lo mismo, que no era
guachaca, que no le darían nada de cobertura. Que era un error.
Pero nosotros teníamos claro que era buen
candidato: era una persona de trabajo, terno de una sola corbata, como diría el
Dióscoro. Sencillo y bien intencionado.
Lo entrevisté cuando ganó y lo pusimos
en la portada. No me tramitó nada para coordinar la entrveista y, mientras
hablamos, no estaba apurado. Fue un caballero: incluso apagó su celular. Lo
respondió todo. Pensó las respuestas.
Era mucho más encachado que en la tele.
Y súper inteligente. Rápido de mente, bien estructurado, y responsable de lo
que decía.
Le pedí que hiciéramos una foto diferente.
Le pasé un delantal y un jockey de La Piojera.
Se los puso de inmediato. Le pasé una garrafa, y la levantó
para la foto. Sin hacer atados.
Fue un gusto conocerlo, aunque haya
sido tan poco.
Antes, cuando la Tonka había sido candidata,
Camiroaga no sólo la apoyó de verdad en esa campaña, sino que fue a la Cumbre Guachaca en la Estación Mapocho
y se sentó en una mesa común y corriente, al medio de la gente. No pidió ni un
trato especial, se sacó fotos con todo el mundo. La señora Mirna le quitó un
beso, incluso. Él era la estrella, indudablemente, así se veía en la Cumbre, por la locura que
desataba, y fue para apoyar a la candidata que trabajaba en su programa.
Y por eso yo entiendo lo que me han
dicho en este rato el taxista, el conserje y el taxista, que Camiroaga había
partido como asistente. Y que trataba con respeto a la gente en su programa.
Que tenía carisma.
Todo un Gran Compipa.
Romina de la Sotta
Adelantaita
Guachaca